Antes que nada, mis disculpas a todos por esta larguísima ausencia. Podría daros muchas razones por las que estas semanas no han aparecido nuevas críticas en Courier Doce, pero permitidme al menos justificarme diciendo que, la verdad, últimamente no he tropezado con ninguna película sobre la que mereciera la pena escribir. Dicho esto, lo mejor es retomar la marcha y seguir adelante. Que ya iba siendo hora…
The Fall (2006), sin duda alguna, hace tiempo que debería haberse hecho un hueco en Courier Doce, cuando la vi por primera vez. Pero debo reconocer que entonces me senté a verla con cierto escepticismo y poco dispuesto, lo cual hace que su logro sea mayor, ya que me tuvo pegado a la pantalla durante las casi dos horas que dura. Este pequeño drama de corte fantástico y de aventuras resulta que fue una de las mejores películas del 2006 y apenas tuvo repercusión en los medios, a pesar de tener un palmarés brillante, aunque escaso. Ganadora en el Festival Internacional de Berlín, Sitges y el Austin Film Critics Association en categorías como mejor película y mejor cinematografía son algunos de los más destacable premios que ha conseguido.
Ambientada en Los Angeles en los años 20, el film nos narra las experiencias de Alexandria (Catinca Untaru), una niña inmigrante ingresada en un hospital de las afueras (tendríais que oírla hablar en inglés, por cierto; cautivadora) que posee una imaginación muy vívida y cuya curiosidad tan despierta la llevará a entablar amistad con Roy Walker (Lee Pace), un especialista de cine accidentado y uno de los muchos
otros pacientes que moran en la institución. La llave de dicha amistad serán las historias, cuentos fantásticos que Roy le irá relatando a Alexandria, mientras esta queda embelesada escuchán-dole. Su fascinación por las historias de Roy y su incansable imaginación harán que la niña les ponga a los personajes del cuento las caras de gente de su entorno habitual y que su percepción de la realidad comience a aliñarse con chispas de esa fantasía, pero sin consecuencias trágicas (esta no es una película de esquizofrénicos). Sin embargo, Roy guarda dentro de sí un oscuro secreto que poco a poco lo irá consumiendo interiormente, lo cual repercutirá inevitablemente en los giros narrativos que vayan tomando sus cuentos, y por tanto afectarán a la amistad que tiene con Alexandria. Pero los niños no entienden de tristezas o calamidades. Sólo atienden al amor. Y Alexandria, de la misma manera que una niña quiere a un padre afligido, intentará que Roy destruya para siempre esa losa pesada que lo tenía subyugado.
Tarsem Singh (The Cell) es el responsable de esta magnífica y hermosa obra de arte cinema-tográfica, que en mu-chos aspectos recuer-dan a la inolvidable The Princess Bride (1987), The Flight of Dragons (1982) o La historia interminable (1984), todas ellas películas que, a su vez, nos recuerdan lo que era ser niño y pegan un tirón de orejas tanto a los ejecutivos de Hollywood como a los espectadores haciéndonos ver que para hacer buen cine no hacen falta guiones enmarañados y retorcidos. Me viene a la memoria también incluso Tideland (2005), de la que ya hablamos por aquí, y que podría ser una versión algo siniestra de este tipo de películas. Este director indio cuenta en su currículum, además, con trabajos como The Curious Case of Benjamin Button (2008) a cargo de la dirección de la second unit, película que junto con su primera realización servirá para que os hagáis una idea del peculiar estilo de Singh. Su próxima cinta (War of the Gods, que se espera para el año que viene) apunta maneras también, así que anotad el título en algún sitio que pueda resistir el paso de un año entero sin disolverse entre pelusas y polvo.
En cuanto al guión, sí es cierto que bien por omisión voluntaria, bien por descuido, el film deja algunos aspectos sin tratar, como el pasado de la niña (cómo ha llegado hasta Los Angeles, dónde están sus padres, quién la llevó al hospital), pero a mi juicio no son “agujeros” propiamente dichos, puesto que en realidad no estorban ni hacen aparecer incongruen-cias ni relativizan el tema principal de la historia. Es más, si algo hay que agradecerle a la película es su capacidad de ir directa al grano, sin embrollos ni artificios narrativos. Del reparto, simplemente destacar la interpretación de su protagonista, Catinca Untaru, una jovencísima actriz rumana de apenas doce años, que desafortunadamente no cuenta con ningún título más en su corta trayectoria; sin olvidarnos de Lee Pace (Infamous, The Good Shepherd), actor que poco a poco va haciéndose su sitio en Hollywood, y al que ahora mismo podéis ver en la serie americana de más o menos éxito Pushing Daisies en el papel protagonista.
En definitiva, The Fall supone un soplo de aire fresco para el género fantástico –género que personalmente me empezaba a parecer vacío con tantos efectos especiales y superproducciones que en realidad sólo buscan dar el taquillazo. Esperemos que haya otros más como Singh, que den un respiro a nuestras retinas y nos ofrezcan algo fantástico sin por ello renunciar a lo real.